"En realidad, no se resignaba nunca a comprar nada de que no se pudiera sacar un provecho intelectual, sobretodo ese que nos procuran las cosas bonitas al enseñarnos a ir a buscar nuestros placeres en otra cosa que en las satisfacciones del bienestar y de la vanidad. Hasta cuando tenía que hacer un regalo de los llamados útiles, un sillón, unos cubiertos, o un bastón, los buscaba en las tiendas de objetos antiguos, como si, habiendo perdido su carácter de utilidad con el prolongado desuso, parecieran ya más aptos para contarnos cosasde la vida de antaño qe para servir a nuestras necesidades de la vida actual. Le hubiera gustado que yo tuviera en mi cuarto fotografías de los monumentos y paisajes más hermosos. Pero en el momento de ir a comprarlas, y aunque lo representado en la fotografía tuviera un valor estético, le parecía en seguida que la vulgaridad y la utilidad tenían nintervención execiva en el modo mecámico de la representación: en la fotografía. Y trataba deingeniárselas para disminuir, ya que no para
eliminar totalmente, la trivialidad comercial, de sustiurla por alguna cosa artística más para suponer como varias capas o <espesores> de arte; en vez de fotografías de la catedral de Chartres, de las fuentes monumentales de Saint-Cloud o del Vesubio, preguntaba a Swann si no había ningún artista que hubiera pintado eso, y prefería regalarme fotografías de la catedral de Chartres, de Corot; de las fuentes de Saint-Cloud, de Hurbert Robert, y del Vesubio, de Turner, con lo cual alcanzaba un grado más de arte. Pero aunque el fotógrafo quedase así eliminado de la representación de la obra maestra o de la belleza natural, sin embargo, el fotógrafo volvía a recobrar sus derechos al reproducir aquella interpretación del artista. Llegada así al termino fatal de la vulgaridad, aún trataba mi abuela de defenderse. Y preguntaba a Swann si la obra no había sido reproducida en grabado, prefiriendo, siempre que fuera posible, los grabados antiguos y que tienen un interés más allá del grabado mismo, como, por ejemplo, los que representan una obra célebre en un estado en que hoy ya no la podemos contemplar (como el grabado hecho por Morgen de la Cena, de Leonardo,antes de su deterioro). No hay que ocultar que los resultados de esta manera de entender el arte del regalo no siempre fueron muy brillantes. La idea que yo me formé de Venecia en un dibujo de Tiziano, que dice tener por fondo la laguna, era mucho menos exacta de la que me hubiera formado con simples fotografías. En casa ya habíamos perdido la cuenta, cuando mi tía quería formular una requisitoria contra mi abuela, de los sillones regalados por ella a recién casados o a matrimonios viejos que a la primera tentativa de utilización se habían venido a tierra agobiados por el peso de uno de los destinatarios. Pero mi abuela hubiera creído mezquino el ocuparse demasiado de la solidez de una madera en la que aún podía distinguirse una florecilla, una sonrrisa y a veces un hermoso pensamiento de tiempos pasados. Hasta aquello que en esos muebles respondía a una necesidad, como lo hacía de un modo al que ya no estamos acostumbrados, le encantaba, lo mismo que esos viejos modos de decir en los que dicernimos una metáfora borrada en el lenguaje moderno por el roce de la costumbre. Y precisamente las novelas campestres de Gerge Sand que me regalaba el día de mi santo abundaban, como un mobiliario antiguo, en expresiones caídas en desuso, y convertidasen imágenes, de esas que ya no se encuentran más que en el campo. Y mi abuela las había preferido lo mismo que hubiera alquilado con más gusto una hacienda que tuviera un palomar gótico o cualquier cosa de esas viejas que ejercen en nuestro ánimo una buena influencia, inspirándole la nostalgia de imposibles viajes por los dominios del tiempo."
eliminar totalmente, la trivialidad comercial, de sustiurla por alguna cosa artística más para suponer como varias capas o <




No hay comentarios:
Publicar un comentario